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El adiós de Don Quijote

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Y, volviéndose a Sancho, le dijo: —Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo. —¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor ...

Cálao de yelmo (Rhinoplax vigil)

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Isla Sable, el último refugio

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 Un banco de arena en el Atlántico Norte, solamente poblado por caballos salvajes, focas y aves marinas. Es la Isla Sable, frente a las costas de Nueva Escocia, en Canadá.   Con cerca de cuarenta kilómetros de largo por uno y medio de ancho, tiene una forma alargada y ligeramente curva, recordando ciertamente la figura de un sable. La isla, perteneciente a Canadá, ha sido testigo de cientos de naufragios desde el siglo XVI, lo que dio lugar a la construcción de dos faros, cada uno en uno de sus extremos. Actualmente hay habilitada también una estación meteorológica.  (Mariano López-Acosta) (Fuente de las imágenes: Internet)